Democracia con pandemia

Democracia con pandemia

Por E. Jorge Suncar Morales  

Ante la fuerza destructiva del Covid-19, que nos llega en el espacio de tiempo de mayor actividad política dentro del calendario electoral dominicano de este 2020, uno de los más importantes retos que enfrentamos hoy para lograr que se manifieste la soberanía popular a través del ejercicio del voto, es garantizar que para la próxima convocatoria a las urnas se apliquen y respeten los protocolos sanitarios establecidos en relación con el cuidado de la salud individual ante esta pandemia mundial.

Ambos aspectos se encuentran establecidos en nuestra Carta Magna como parte de los derechos, garantías y deberes fundamentales. El derecho a elegir y ser elegido en el primer ordinal del artículo 22, y el derecho a una salud integral en el 61.

Acontece que nuestra constitución no cuenta con previsión jurídica para el caso de que no se celebren las elecciones congresuales y presidenciales previas a la fecha en que concluye el período de gobierno actual, hecho que, de materializarse podría generar consecuencias fatales para nuestro ordenamiento jurídico, político, electoral, social y económico, exponiéndonos al caos, a la desobediencia civil, con resultados negativos y frustratorios para todos.

La República Dominicana no se merece ese derrotero.  Nuestra historia democrática ha sido forjada con “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, como expresó Winston Churchill en su discurso inicial como Primer Ministro Británico el 13 de mayo de 1940.

Por la salud política de nuestra nación, me inscribo en la corriente que cree firmemente que es posible conjugar ambos derechos en el plano nacional, celebrando las elecciones en la nueva fecha aceptada del 5 de julio, y si ha lugar una segunda vuelta, el 26 del indicado mes.

Por ello, sobre la base del consenso, el gobierno de turno, el liderazgo político y la sociedad dominicana en su conjunto, tienen que actuar con la madurez, sapiencia, confianza, prudencia y el sentido común que amerita la situación por la que atravesamos, y aunar esfuerzos en torno al órgano institucional interlocutor, encargado del montaje y administración del proceso electoral venidero.

Si esos mismos actores fueron capaces de acatar la posposición de las elecciones municipales de febrero debido a los cuestionamientos técnicos y las de mayo por prevención sanitaria, de celebrar las primeras en marzo, validando sus resultados y posesionando a los electos, y de pautar las segundas para nuevas fechas, como es posible que no puedan resolver de igual manera los detalles para las que vienen.

Hemos aceptado lo más trascendental, obviando legislaciones, respaldándolos con votos, pero no podemos pautar lo menos, modificando lo que sea necesario para promover unas elecciones dentro del mayor maco de legitimidad en las circunstancias actuales. Ese es el único camino posible para poder suplir con acuerdos imborrables, la posible falta de legitimidad que alguien pudiera en un futuro alegar, si no se quieren realizar los cambios legislativos para ello.

La realidad es que la cantidad de votantes que consta en el resumen general consolidado de los resultados definitivos de las Elecciones Extraordinarias Generales Municipales del 15 de marzo del 2020, arroja que sólo acudió a las urnas el 49.14% de los 7,487,040 electores inscritos y aptos para ejercer el voto, para un total de 3,679,081 votantes, fijando en un 50% el porcentaje de abstención nacional, que representa un 10% por encima del promedio de 40% que acude en latinoamérica a esa modalidad de elecciones.

Es decir que el 50% de los posibles votantes tuvo en sus manos la decisión de las nuevas autoridades municipales, las cuales están en plena ejecución de sus prerrogativas administrativas, habiéndolo así acatado el 100% del país.

En la modalidad presidencial y congresual, el promedio de votantes que ha asistido a las más recientes en República Dominicana es de 70% aproximadamente, por lo que los partidos políticos que competirán y la JCE, como entidad rectora de estos comicios, deberían tomar las previsiones necesarias para elevar la participación ciudadana al menos en un 20%, lo que constituye otro importante desafío superar con creces el número votantes municipales.

Llegado el día del proceso electoral, el votante debe tener una serie de garantías que le permitan tomar la decisión personal y voluntaria de ejercer su derecho.  Entre otras: exigir el uso de mascarillas y la desinfección de las manos antes y después de la votación; mantener la obligatoriedad y control del distanciamiento físico requerido; eliminar el tintado o prever la higiene de ese aspecto y del marcador de votación ya que son puntos de contacto genéricos; la no discriminación por género para que la familia pueda acudir unida; una clara indicación de que los mayores de 60 años van directamente con un acompañante a la puerta del colegio  sin necesidad de hacer la fila común, (representan aproximadamente el 18% del padrón nacional); todo dentro, reiteramos, de un horario extendido de 12 horas (sugerimos 7am/7pm), para el ejercicio del sufragio en adición a la prohibición de permanecer en los alrededores de los recintos electorales en esta votación excepcional, como es costumbre de los promotores partidistas y hasta algunos candidatos.

Abogo porque todo ciudadano dominicano hábil que se encuentre en el padrón, tenga la posibilidad de ejercer su voto, por lo que debemos confiar en que las solicitudes para obtener las autorizaciones correspondientes para el ejercicio del sufragio presencial en territorios extranjeros sean positivas, y, en caso contrario evaluar las modalidades alternas a pesar de que tampoco están previstas en los textos legales, los cuales para unos aspectos son esgrimidos con fiereza y otros simplemente son obviados.

Frente a un escenario que imposibilite el voto presencial en el exterior, nuestra clase política tendría que poner en la balanza los riesgos a los que nos exponemos si se embarcan en una posible reforma legislativa, necesaria para realizar elecciones vía modalidades alternas no previstas legalmente, en busca de poder con los votos de ese 8% del padrón, de aproximadamente 600 mil dominicanos en la diáspora.

El voto postal a través de los correos internos de cada una de esas circunscripciones donde no lo permitan, es una alternativa viable, enviados y recibidos por las Oficinas de Coordinación Logística Electoral en el Exterior (OCLEE), y como siempre remitiendo el resultado a la JCE. 

A pesar de las reservas en su contra, la votación electrónica, es otra de esas posibilidades. El reordenamiento del padrón de votantes del exterior a localidades donde se permita hacerlo de manera presencial, en vista de los anuncios de la reanudación de los vuelos comerciales y a pesar del dislocamiento que se puede generar, es algo a evaluar, entre otras variantes que los técnicos de seguro sugerirán. Todas dependerán del grado de confianza que exista sobre las mismas.

De nuestros políticos no lograr ponerse de acuerdo, deben tener la suficiente entereza para adoptar una decisión histórica, netamente dominicana, y hacérselos saber con el riesgo de ser incomprendidos por esa parte de la población dominicana que espera con ansias poder ejercer su derecho y que no podría trasladase al territorio nacional.

De ser así, quizás segregar la elección de los diputados de ultramar para un futuro posible, dejando esas curules vacías temporalmente, a sabiendas que tendrán un periodo recortado excepcionalmente, sería la medida correcta a tomar.

Se hace necesaria una estrategia de comunicación electoral sencilla pero efectiva, que resalte que un voto no emitido no cuenta, lo suficientemente explicativa, no solo para informar de las medidas precautorias, sino que produzca un impacto que logre el mayor porcentaje de asistencia posible, impulsando ese espíritu interno y personal del cumplimiento del deber-derecho a elegir con el debido cuidado de la salud en procura de reducir la desafección hacia la política que muchas actuaciones producen.

Todos queremos cuidarnos. Nadie quiere engrosar la lista de los contagiados y mucho menos la de desenlaces fatales. Pero si hemos sido capaces de alinearlos por horas bajo el candente sol quisqueyano para buscar recursos bancarios, alimentos, medicinas, etc., bien podemos hacer un esfuerzo, y acudir ordenadamente a elegir las nuevas autoridades que deberán regir nuestra nación a partir del próximo 16 de agosto.

El autor es abogado electoralista

jorgesuncar@yahoo.com

Categories: Opinión

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