El Conde no tiene madre

El Conde no tiene madre

 

Por Fausto Grullón

Bajo un sol ardiente caminas por la emblemática calle el Conde de la antigua ciudad y te das cuenta que ya hace mucho tiempo que perdió su encanto. En la época pre-peatonal es verdad que a uno se le hacía difícil transitar por esa vía, pero al menos te encontrabas con viejos amigos, y no tan viejos, y podías charlar a orillas de una taza de café sobre cualquier tema. Política. Literatura. Los habitantes de la zona. El caliezaje de los 12 años. Los ricos que iban dejando el pedazo para mudarse a Gazcue o al Naco. La cafetera y sus personajes pintorescos. Las damas con sus minifaldas. Macalé y su manía de vender libros. El santicló de la Margarita. El parque Colón. La puerta del Conde. El edificio Copello y sus leyendas. El antiguo Navarijo. La escuela de pintura. La catedral. Y un montón de maravillas que se quedaron para siempre en la memoria colectiva. Ahora es otra cosa. Un adefesio tenebroso. Inicias una tormentosa caminata desde Paco y empieza el horror. Taxistas maleducados apostados en la Palo Hincado ofertando sus servicios. Tecatos en alta pidiendo para su próxima dosis. Vendedores de artesanía que te asedian con sus productos de mal gusto. Muchachas llenas de tatuajes ofreciendo masajes dudosos. Tarantines malolientes a grasa saturada invitándole a comer papas envenenadas con queso derretido. Cuadros de pintores sin dominio de la técnica del pincel en donde encuentras un perrito acrílico con casco protector conduciendo una Pasola. Los limpiabotas con miradas de criminales locos por darte esa atracá que te lambas los dedos. Policías de turismo más en búsqueda que en protección ciudadana. Cestero con sus ojos de aguadas pensando en la avenida Trujillo Valdéz y diciéndote entre dientes que en la era se vivía mejor porque habían más árboles que ahora y que la gente del SIM eran buenos muchachos. Los. Borrachones en la intersección de la Duarte frente a la antigua tienda la ópera con sus chatitas de Palo Viejo. El mitómano prometiéndote que ese proyecto con el que sueñas ya casi está listo. La ausencia de la gente con las que podías pasarla bien sin sufrir ninguna consecuencia nefasta. Los turistas indiferentes con sus atuendos estrafalarios quienes no tienen olfato para percibir el olor a amoniaco a causa de las meadas de la noche anterior.
Definitivamente el Conde no tiene madre.

 

(Fausto Grullón es actor… Tomado de su cuenta de Facebook).

Categories: Opinión
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