El tiempo, un preciado elemento en la crisis venezolana

El tiempo, un preciado elemento en la crisis venezolana

 

Por Yoni Cruz

 

 

Rusia y China son dos piezas de mucho poder en el equilibrio del ajedrez que juegan EE. UU., UE, la oposición y el gobierno de Maduro.

 

Aunque para los opositores al gobierno venezolano que encabeza Nicolás Maduro Moros la mejor apuesta es a una salida rápida del chavismo en el poder, todo indica que las posibilidades de una solución no está al alcance de la vista.

Los contrarios del gobierno chavista avanzaron sin problemas en el tablero con la autoproclamación del jefe de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, y el casi inmediato reconocimiento del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al tiempo que una cadena de gobiernos en América Latina y Europa hacía lo propio. Con ello vino la imposición de un paquete de sanciones y amenazas para acorralar al régimen de Maduro. 

Sin embargo, a pesar de que, según afirma el propio Guaidó, él está ejerciendo sus funciones presidenciales “nombrando embajadores por el mundo, solicitando ayuda humanitaria y congelando fondos de Venezuela”, al día de hoy Maduro y el chavismo no han perdido ningún espacio de poder político en el país, y los embajadores nombrados por el autoproclamado presidente no han podido tomar posesión de ninguna sede diplomática.

El tiempo transcurre. Y si tomamos en cuenta que el objetivo de Estados Unidos, la Unión Europea y todos los contrarios del gobierno de Nicolás Maduro, es que el desenlace ocurra en poco tiempo, y que para Maduro cada día que pasa es un punto a su favor, entonces, después de tres semanas, el panorama no parece indicar un resquebrajamiento de las bases de poder del gobierno, las anunciadas ayudas humanitarias no ingresan al país porque las Fuerzas Armadas cumplen la orden de no permitirlo, lo cual se traduce en una muestra de su lealtad al inquilino del Palacio de  Miraflores.

Si la semana pasada empezó con puntos a favor del plan de la oposición y los enemigos foráneos del régimen chavista, con el reconocimiento a Guaidó de parte de España, Francia y gran parte de la Unión Europea, así como el Grupo de Lima, al finalizar la jornada no fue igual, pues el anuncio iracundo en CNN de que un avión con ayuda humanitaria procedente de Puerto Rico había aterrizado en un aeropuerto venezolano, resultó en un fiasco y un estruendoso fracaso porque al día siguiente el mismo secretario de Estado de Puerto Rico, Luis Rivera Marín, quien lo había anunciado en directo por la cadena noticiosa estadounidense, tuvo que desmentirlo y aceptar su “equivocación” al dar información falsa en la víspera.

Esta semana inició con el surgimiento de voces disidentes en Estados Unidos. Desde el mismo Congreso han expresado su oposición a la política intervencionista del presidente Donald Trump y criticado al autoproclamado presidente Juan Guaidó por haber pedido una intervención militar en su país. “Sr. Guaidó, puede proclamarse líder de Venezuela pero no puede autorizar las intervenciones militares de los Estados Unidos”, dijo el congresista Ro Khanna (D) en un mensaje colgado en Twitter.

De su lado, el senador norteamericano y exprecandidado demócrata a la presidencia, Bernie Sanders, pidió a Donald Trump a que “no apoye a los golpistas venezolanos” y a aprender del pasado y no intervenir como lo hicieron en República Dominicana en 1965 en otros países.  “Debemos aprender las lecciones del pasado y no meternos en asuntos de cambio de régimen como lo hemos hecho en Chile, Guatemala y la República Dominicana. Los Estados Unidos tienen una larga historia de intervenir inapropiadamente en naciones latinoamericanas. No debemos transitar ese camino de nuevo”. dijo Sanders en su cuenta de Twitter.

El horizonte no se ve despejado en la crisis venezolana, pues en ese ajedrez no solo juegan el gobierno de Maduro, la oposición encabezada ahora por Guaidó, Trump y la Unión Europea, sino que mueven fichas dos jugadores de mucho peso: China y Rusia. Con estos dos países en el escenario, las soluciones que tiene Trump en su mesa se ven con un obstáculo mayor. Y es que Rusia y China tienen intereses diversos dentro de Venezuela, y no van a ceder tan fácil ante los intentos de EE. UU. y la UE.

Rusia y China, con roles distintos, pero no diferentes,  son dos gigantes que no pasan de manera desapercibida a la hora de descantarse por la opción militar para sacar a Maduro del poder. Nadie sabe a ciencia cierta el nivel de poderío militar ruso e iraní diseminado en el país suramericano. 

Rusia, con una visión militar más definida y militante que China, ha mostrado sus músculos. En los últimos años, Venezuela ha comprado importantes sistemas de armas, incluidos misiles antiaéreos S-300, cazas Sujoi, helicópteros de combate, misiles Buck y lanzacohetes rusos Smersh y Grad. En puertos venezolanos atracan barcos militares rusos, han ingresado cientos de asesores militares y se cree que incluso mercenarios que trabajarían con el ejército y con los grupos de civiles armados que ha organizado el gobierno chavista. 

Incluso,  en círculos militares rusos y venezolanos se ha hablado de la posibilidad de una base militar rusa en territorio venezolano, aunque la especie nunca ha sido confirmada. En tanto, Irán, que sufre nuevas sanciones por parte de Washington, anunció a principios de diciembre del año pasado sus planes para “en un futuro cercano enviar dos o tres barcos con helicópteros especiales a Venezuela en una misión que podría durar cinco meses”, según el contralmirante Touraj Hassani Moqaddam, el número dos de la Armada iraní.

A todas luces la estrategia de Donald Trump no contemplaría que militares norteamericanos ingresen a combatir a territorio venezolano, porque el plan parece ser que, de cara a las elecciones de 2020, pueda exhibir ante el electorado que él pudo eliminar al chavismo sin derramar sangre estadounidense, logro que no tuvieron las administraciones de George W. Bush ni Barack Obama. Su estrategia militar se inclina por una intervención armada que libren terceros: ya sea un enfrentamiento entre dos bandos de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, el ejército de Colombia o una fuerza multinacional. 

Es fácil inferir que difícilmente Colombia o cualquier país latinoamericano se animen a averiguar con qué se podrían estar enfrentando en una aventura militarista para derribar del gobierno a Maduro y los chavistas. 

Por otra parte, China, que aunque posee un importante poderío militar, no tiene vocación de dirimir diferendos a ese nivel, aunque tiene una estación de rastreo satelital en la base aérea venezolana Capitán Manuel Ríos, la diplomacia y el poder económico son sus armas preferidas.  

 China tiene importantes intereses económicos en Venezuela. Tras la reducción de la venta de petróleo a Estados Unidos, ha sido China el receptor de ese petróleo, y el país comunista ha llegado a importantes acuerdos comerciales en materia energética, minera y militar. La deuda con los chinos asciende a unos 65,000 millones de dólares, lo que convierte al país asiático en el principal acreedor de los venezolanos, mientras las compañías estatales chinas han invertido cerca de 2,500 millones de dólares anuales en el país bolivariano desde 2010.

A diferencia de Rusia, que ve a Venezuela como un aliado estratégico geopolíticamente hablando, China vela por sus intereses económicos. Y habiendo dado muestras de gran pragmatismo, los dirigentes chinos podrían negociar con Estados Unidos y Guaidó, llegado el momento en que la crisis provocada por el bloqueo impuesto contra Maduro lo haga insostenible. 

Una mirada al horizonte no deja ver claro cómo concluye el conflicto. Maduro apuesta al tiempo, el mismo recurso del que no dispone mucho la oposición y sus aliados, pues una salida a largo plazo es una opción que beneficiará o fortalecerá a los chavistas, y por el contrario, pone en jaque a un Guaidó que no ha mostrado hasta ahora mayores méritos que su deseo de aprovechar la ola para erigirse en un líder ante el vacío actual de liderazgo opositor, para poder alzarse con el poder.

Maduro no parece temerle al plan golpista ni a las amenazas de los poderosos EE. UU. y UE. Se podría pensar que confía en que cuenta con suficiente compromiso y apoyo de Rusia, China e Irán como para confiar en que esta vez podrá de nuevo salir a camino y mantenerse en el poder.

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