«¡Juventud, divino tesoro!

«¡Juventud, divino tesoro!

 

 

aaaaaaasaasaenenenenenPor Ernesto Jiménez

 

Una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras: está condenada a desangrarse”. Kofi Annan

 

«Juventud divino tesoro ya te vas para no volver…». Esas palabras iniciales del poema «Canción de Otoño en Primavera» de Rubén Darío, representan un canto desesperado ante la fragilidad y brevedad del período que usualmente es considerado el más hermoso de la vida humana: La juventud. En esta etapa es donde estamos en la cúspide de nuestras fuerzas, donde nuestros sueños y anhelos de progreso alcanzan su plenitud, y nos encontramos en mayor disposición de arriesgarlo todo en pos de un ideal.

 

Resulta bastante irónico que sea en esta misma etapa, donde concebimos nuestros sueños e ilusiones, cuando más fácilmente estos pudieran verse frustrados, debido a condiciones sociales y económicas adversas o poco idóneas para desarrollarlos. Y eso, lamentablemente, es lo que está sucediendo con muchos jóvenes de nuestro país.

 

Un informe reciente del Banco Mundial, titulado: «NiNis en América Latina: 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades», revela que el número de «ninis» (término despectivo que indica que el joven ni estudia ni trabaja) está descendiendo en esta región gracias a diversas reformas educativas y laborales, pero que aún así, en República Dominicana, más del 21 % de los jóvenes de entre 15 y 24 años no tienen acceso ni a educación ni a empleos, de los cuales tres de cada cinco son mujeres, una cifra alarmante y sensiblemente mayor al promedio de América Latina.

 

No obstante el evidente e innegable crecimiento acelerado y sostenido de nuestra economía, con tasas de 7% en los últimos 2 años, no hemos sido capaces de garantizar las oportunidades de desarrollo que la mayoría de los jóvenes dominicanos requieren para alcanzar sus metas. Esto se debe, en parte, a un crecimiento macroeconómico muy desigual que ha perpetuado una economía de bajos salarios, educación de escasa calidad, y altas tasas de desempleo juvenil como consecuencia, entre otros factores, de un mercado laboral sumamente restrictivo.

 

Por eso no es de sorprender que cientos de jóvenes dominicanos, desencantados ante las exiguas opciones que su país les ofrece, opten por buscar mejores horizontes en tierras extranjeras, creando un peligroso fenómeno social que comúnmente se denomina «fuga de cerebros», lo que a su vez, plantea un enorme reto para nuestra sociedad, la cual, a todas luces, no ha sido capaz de ofrecer respuestas a una generación que podría caer en una profunda desidia y desilusión ante el desamparo que sienten por parte del Estado.

Por razones como esta es que insistimos en que debemos situar a la igualdad en el centro de nuestros paradigmas de desarrollo, y de esta forma, ser capaces de brindar las mismas oportunidades a todos los jóvenes para realizar sus sueños. Es urgente y necesario romper con un esquema de crecimiento económico que privilegia la avaricia por sobre los derechos humanos, porque tal como plantea el premio nobel de economía, Joseph Stiglitz, estos altos niveles de desigualdad conspiran contra el desarrollo social y económico de nuestros jóvenes, y por lo tanto, contra el futuro de la República Dominicana.

 

(El autor es economista y comunicador).

 

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