La economía y el accionar humano

La economía y el accionar humano

 

Por Ernesto Jiménez

 

 

“La economía debe estar al servicio de las personas, y no al contrario”. Julia Navarro

 

A través de los años, numerosos autores y estudiosos de la economía han insistido en que, a pesar de parecer una obviedad, es preciso establecer que el ser humano es el factor primordial que determina y da razón de ser a las complejas dinámicas de las ciencias económicas. Esta afirmación, en términos formales, conllevó al establecimiento de la economía como una ciencia social.

 

La acepción de la economía como ciencia social, no obstante ser aparentemente aceptada, ha requerido de la imperiosa necesidad de reafirmar que, como acertadamente enseñara Von Mises, tiene como principal objeto de estudio la acción humana. Esto así, porque la progresiva tecnificación de esta ciencia le ha provisto de poderosas herramientas estadísticas y matemáticas que la consolidan como un híbrido especial de ciencias duras y ciencias blandas, lo cual, crea dilemas conceptuales que colocan a muchos economistas bajo la errónea impresión de que las leyes económicas establecidas poseen el mismo carácter infalible y general de las leyes que rigen las ciencias exactas.

 

Esa disyuntiva histórica explica los ingentes esfuerzos del padre José Luis Alemán —humanista consagrado y brillante economista latinoamericano— por restituir los vínculos intrínsecos entre la economía como ciencia y su preponderante carácter social. Por consiguiente, denunció reiteradamente la perversa tendencia de trasfigurar dolorosos escenarios de pobreza y escasez material en fríos números estadísticos que, cual máquina calculadora, deshumanizan y desvinculan al profesional de las ciencias económicas de su entorno social. Por eso, insistía en advertir sobre el peligro que encierra olvidar que el centro de la actividad económica es el ser humano y que, por lo tanto, debía ser el motor que impulse la formulación de políticas económicas para el bienestar común, pues acorde a su visión, la economía debía estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de ésta.

 

Es preciso señalar que debido a la importancia crucial de la economía para el desarrollo del género humano, perseguir el mayor grado de aproximación a la exactitud cuantitativa de las ciencias formales (ej. las matemáticas) es sencillamente indispensable; ya que gracias a la magnitud y complejidad de las interacciones productivas de los seres humanos, sin la certeza que otorgan las leyes de las ciencias exactas, resultaría una tarea inalcanzable organizar la economía de mercado. Sin embargo, lo que bajo ningún concepto se debe olvidar es que, en economía, las matemáticas deben ser un medio auxiliar y no el fin en sí mismas, ya que no todos los factores que inciden en el comportamiento humano son cuantificables, puesto que, esas decisiones —aparentemente racionales— están fuertemente influenciadas por elementos emocionales, sentimentales y subjetivos que inciden sensiblemente en el resultado final de cualquier estimación o cálculo.

 

Y es en ese factor de imprevisibilidad de las decisiones humanas donde el análisis económico adquiere su virtud fundamental y su característica más bella: la capacidad de entender y proyectar con altos niveles de certeza el resultado de millones de interrelaciones materiales que dan forma a la realidad económica y social de los pueblos. Esa es la razón de ser de la economía como ciencia social, y en torno a esa concepción se han desarrollado las más grandes ideas y postulados que, en las últimas décadas, han prohijado el mayor período de bienestar y progreso en toda la historia de la humanidad.

 

(Ernesto Jiménez / El autor es economista y comunicador).

Categories: Económicas
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