La Violencia Escolar, una bola de nieve que crece

La Violencia Escolar, una bola de nieve que crece

 

Por Jenny Alexandra Henríquez

 

La Educación es una herramienta fundamental para cambiar patrones culturales que perpetúan o condenan la violencia contra los niños y las niñas” así asevera el Comité de los Derechos del Niño en el estudio Violencia Escolar en América Latina y El Caribe, Superficie y fondo, publicado por Unicef.

Según el diccionario “La violencia es el tipo de interacción que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave a un individuo o colectividad’.

La violencia se manifiesta de muchas formas:

  • Violencia en la familia: castigo físico, abuso psicológico y sexual, abandono y explotación económica.
  • Violencia en la escuela: castigo físico, abuso psicológico (humillaciones, amenazas, rechazo) y sexual, violencia entre iguales y exclusión.
  • Violencia en la Comunidad: homicidios, asesinatos de niños y adolescentes, explotación sexual, comercial y trata, actividades vinculadas con el crimen organizado.

Sin embargo, en este artículo nos referiremos a la violencia en la escuela entre iguales.

 Hemos visto que República Dominicana es uno de los cinco países con mayor nivel de violencia física entre estudiantes de Básica (Estudio: América Latina: violencia entre estudiantes y desempeño escolar (2011)) es por esto que se hace necesario la implementación de medidas sostenibles y efectivas que pongan fin a esta situación que coloca en peligro las relaciones interpersonales y la vida del niño en cuestión.

Infortunadamente nuestro país no está exento de ese flagelo. Ya prácticamente se ha convertido en pan de cada día las noticias con los titulares siguientes: “Una estudiante embarazada herida de ocho puñaladas por otra compañera”. “Estudiante agrede fuertemente a una compañera frente a profesora”.

 

  • No solo centrarse en la construcción de currículo y estrategias pedagógicas sino, ante todo, en la construcción y reconocimiento de sujetos, para de esta manera permitir la emergencia de actores sociales, políticos, económicos y culturales, dejando de fortaleces miradas y posiciones que encierran a los niños y niñas en lo salvaje, lo incivilizado, lo torpe, lo incapaz; solo así los cambios serán posibles y la violencia de cualquier tipo no tendrá justificación.
  • El reconocimiento de que la violencia escolar no solo se da entre pares, sino también en las relaciones altamente jerárquicas y patriarcales, como la de educadores, niños y niñas e inclusive entre niños y maestras, permitirá construir otro tipo de estrategias donde no solo los niños y las niñas y adolescentes sean considerados problemáticos y necesitados de disciplina, toda vez que las maestras también sufren violencia escolar, en la que se entraman diferentes actores y diferentes tipos de violencia.
  • El silencio también es otra expresión de violencia cuando es ejercido como mecanismo de control, de castigo, de discriminación, de jerarquía, de inequidad. Lo es el silencio al interior de los hogares, las escuelas y las comunidades, y lo es también la respuesta silenciosa de los que toman las decisiones y de los operadores, que son los encargados de preservar las estructuras, oponiéndose a reformas y acciones que actúan en pro de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, negando que estas realidades existen, negando la diversidad y buscando parámetros “homogenizantes”.
  • Es importante incentivar la transformación de los reglamentos escolares en pactos de convivencia que sean construidos desde procesos locales, considerando que Latinoamérica y el Caribe se caracterizan por la diversidad de sus pueblos indígenas, originarios y campesinos. Los procesos locales, bajo una mirada de Derechos Humanos, auguran mayor práctica y ejercicio del cumplimiento de los instrumentos normativos, los que no solo deben centrarse en mecanismos de control, sanciones y castigos sino también en la promoción de relaciones seguras y protectoras y en el ejercicio pleno de los derechos.

En tanto, la revista Educación, de la Universidad de Costa Rica, en su publicación No.2, vol.29, nos ofrece los lineamientos siguientes:

  • Establecer claramente las reglas del grupo, de forma tal que comportamientos como la victimización, el acoso, el abuso y la agresión no sean aceptables, en ningún momento, en la institución. Evitar la creencia –bastante extendida– de que las conductas agresivas son parte del desarrollo normal de la niñez. O bien, que la criatura agredida es responsable del acto violento; a su vez, es necesario procurar que las conductas violentas no sean pasadas por alto.
  • Promover una cultura de tolerancia y aceptación, y prevenir el abuso hasta en lo más mínimo. Ir más allá de la tolerancia para promover el respeto y el cuidado, a través de las palabras, pero también a través de las acciones. Enfatizar el modelamiento correcto y el reconocimiento más que el control y el castigo.
  • Reforzar la seguridad de las personas que son diferentes, ya que estas necesitan sentir que pertenecen a un lugar y que la gente se preocupa por ellas. Asimismo, el estudiantado necesita sentir que es competente. Esto, por cuanto muchas investigaciones han demostrado que en las clases se dan pocas ocasiones para que las personas menos dotadas tengan oportunidad de ser involucradas positivamente con sus compañeros, compañeras, y con el personal docente, y de este modo, sentirse bien con ellas mismas. Al involucrar más a este tipo de estudiantes con el resto de la clase y propiciar una mejor relación con los profesores y las profesoras se logra un mejor desempeño y aprovechamiento de sus talentos; lo cual, sin lugar a dudas, ayuda a que sus compañeros y compañeras los valoren cada vez más. Así, quienes inicialmente eran rechazados o rechazadas e ignorados o ignoradas por el resto de la clase, llegan a sentir un mayor respeto y consideración por parte de sus compañeros y compañeras.
  • El personal docente juega un papel primordial en el desenvolvimiento de las estudiantes y los estudiantes que son rechazados o ignorados en la clase. Definitivamente, la relación que tenga el profesorado con estas personas afectará el trato que les dé el resto de los compañeros y compañeras.
  • Como respuesta natural al rechazo, la población estudiantil procede de manera negligente. Este comportamiento es absolutamente comprensible, pues si bien los adultos se deprimen cuando sus colegas no los aprecian, el rechazo para los jóvenes puede ser mucho más significativo ya que su universo social gira en torno a la escuela y las relaciones que mantienen en dicho espacio.
  • Proveer oportunidades para que el alumnado llegue a conocerse, ya que existen estudiantes que son aislados y en las clases no tienen oportunidad de intercambiar opiniones y sentimientos con otros compañeros y otras compañeras. Dicho intercambio debe realizarse a través de estrategias que involucren al estudiantado, a la comunidad escolar, profesores, bibliotecarios, secretarias, personal administrativo, etc.
  • Otra estrategia que surte buenos resultados en la integración de los alumnos y las alumnas, consiste en integrar a los niños y las niñas rechazados y rechazadas mediante el descubrimiento de alguna habilidad especial, ya sea en el deporte o en las artes y la realización de eventos donde puedan demostrar su talento en esas áreas.

Huelga decir que no es tiempo de señalar culpables, sino de mancomunar los esfuerzos en pos de solucionar la difícil y preocupante situación de la violencia escolar y aunque sabemos que son muchas las variables que intervienen, toda sugerencia que sirva para implementar eficazmente una educación para la paz y aminorar los niveles de violencia, no importa de donde salga, es bien recibida, lo importante es que involucre a toda la sociedad.

 

(La auotra es licenciada en Ciencias de la Educación).

Categories: Opinión
Tags: Destacadas

About Author