Losmineros terminaron dañando imagen Torneo Baloncesto Superior DN con pleitos y desórdenes en Palacio de Deportes, opina Osvaldo Rodríguez Suncar

Losmineros terminaron dañando imagen Torneo Baloncesto Superior DN con pleitos y desórdenes en Palacio de Deportes, opina Osvaldo Rodríguez Suncar

EL PÚBLICO DE LOS MINA TERMINÓ PERJUDICANDO EL TBS DEL DISTRITO NACIONAL.

Por Osvaaldo Rodríguez Suncar

Un grupo, porcentualmente reducido, pero que en número era considerable, del público que asistía al Palacio de los Deportes Virgilio Travieso Soto a apoyar la franquicia del Club Los Mina en el Torneo de Baloncesto Superior del Distrito Nacional (TBS), terminó por afectar negativamente ese espectáculo.

Hagamos historia, para que se comprendan lo que quiero decir, y sirva de ejemplo, de cómo algo bueno, puede convertirse en algo malo, si no hay una buena educación que lo fomente y lo guie.

El Club Los Mina llegó al TBS del Distrito Nacional en 1987. Ya tenía un par de años solicitando franquicia de baloncesto superior, lo cual, técnicamente estaba en condición de asumir, como lo probó el hecho que en su primer año llegó a la Serie Final, la cual perdió ante San Carlos.

Dos campeonatos seguidos conquistados en el torneo presuperior (1985 y 1986), más la presencia en el TBS con otros clubes de jugadores suyos (Víctor Hansen, José –Maíta- Mercedes, Jesús –Chu- Mercedes, Roberto Abad, Héctor Reynoso) no dejaban duda respecto a que la calidad técnica del equipo, y la competitiva, estaban garantizadas.

Eso, unido a una bien ganada fama de trabajo y seriedad de un grupo de directivos del club, que presidía el amigo Tolben Jáquez y entre quienes también estaban el buen amigo Juan Matos y Marino Mercedes; más el potencial de comercialización en la Zona Oriental, hicieron del Club Los Mina el idóneo para sustituir al renunciante Naco, otrora una de las dos franquicias más importantes de la justa. La otra era San Lázaro, ambas líderes en seguidores en los años 70.

En el TBS el número de franquicias siempre ha sido un número congelado. Pero también los clubes que las usufructúan. No existe lo que en el deporte llamamos suba y baja. Disputa en cancha por el derecho a manejar una franquicia.

De esa suerte, aunque Los Mina tenía los méritos técnicos, y el potencial comercial para ser una franquicia que se manejara con éxito, el Comité Ejecutivo de la Asociación de Baloncesto del Distrito Nacional (ABADINA) no le daba paso para entrar al TBS.

Se dio la coyuntura del retiro de Naco de la justa, y ahí cuajó el ingreso de Los Mina y con ello la entrada de un representante del que entonces era el barrio más grande del Distrito Nacional, Los Mina; con sus zonas aledañas: Ensanche Ozama, Alma Rosa I y II, El Rosal, Villa Faro, Villa Duarte.

Tan grande era y es la Zona Oriental, donde vivo desde hace 28 años, que hoy día es el municipio más grande del país, como parte de la provincia más grande del país.

Se fue un club (Naco) de una gran cantidad de seguidores –y quizás los que iban a verlo perder, pero iban-, y entraba uno que de inmediato enseñó que tenía todavía más seguidores.

Eso fue un gran aliciente para el TBS y su futuro. El desbordante entusiasmo de los seguidores de Los Mina y su cantidad llenaron de alegría a los organizadores del certamen, entiéndase por ello a la directiva de ABADINA y los otros clubes participantes.

Sin embargo, ese entusiasmo se desbordó prontamente. Y degeneró en muchos en una conducta agresiva, irreverente, que atropellaba las más elementales normas de buenas costumbres. Y eso, distinto a como injustamente quisieron en su momento responsabilizar a los directivos del club, estaba fuera del control de éstos.

¿Eran los desaprensivos de Los Mina iguales en cantidad, proporcionalmente, a los de Villa Juana y el Ensanche La Fe que seguían al Mauricio Báez o los sancarleños y algunos de Villa Consuelo que seguían a San Carlos? Probablemente sí.

¿Qué quiero decir? Si de cada 100 fanáticos de esos equipos 15 eran desaprensivos, como Los Mina tenía muchos más fanáticos, los suyos se hicieron más en número.

Luego llegó Calero de Villa Duarte, y a decir verdad, no eran tan solo mucho menos sus fanáticos, sino que no se mostraban tan belicosos en las proporciones de aquellos de Los Mina, Mauricio Báez y San Carlos.

Los fanáticos de esos tres equipos, protagonizaron los más grandes desórdenes que se han dado en el Palacio de los Deportes. Pese a los esfuerzos en contrario de los directivos de sus clubes, como me consta.

Aquello llegó a ser una guerra sin cuartel. Fanáticos de San Carlos esperando a los de Los Mina, después de los juegos, esperando que cruzaran por la Avenida 27 de Febrero, en el límite norte del barrio sancarleño, para apedrear a los lomineros, quienes llegaron a entrar al barrio de las famosas cinco esquinas, y me cuentan que una vez hasta un muerto hubo. También me han dicho que en las afueras del Palacio de los Deportes, dentro del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, una vez alguien fue herido con arma blanca y falleció luego.

La violencia y el desorden eran tales que, cuando Mauricio Báez se retiró del torneo (2003) lo hizo en medio de una Serie Final frente a San Carlos, en la cual la esposa de uno de los principales directivos del club de Villa Juana fue amenazada con un arma blanca en un baño, y ese fue el detonante de la bomba que representó la salida de los mauricianos del evento, hasta que regresaron en 2016.

Recuerdo ese episodio, para que no me digan que solo le estoy cargando el dado a los fanáticos de Los Mina. Imposible. Yo estuve en el Palacio de los Deportes, atemorizado, en la guerra aquella de los bolones, bolitas de hierro, lanzadas con tirapiedras en un juego entre San Carlos y Los Mina. Pero también en medio de una enorme guerra de lanzamientos de objetos en un partido entre San Carlos y Mauricio Báez, en 1988, que por razones personales nunca olvidaré. Eso para mencionar dos ejemplos.

Esa agresividad del público no se estrenó con la llegada de Los Mina. Pero sí alcanzó sus niveles más altos después que esa zona, fíjense que prefiero no mencionar el club, consiguió representación en el espectáculo.

Recuerdo a una mujer joven, seguidora de Los Mina, que estudiaba comunicación social en la UASD, que se constituyó en epicentro de desórdenes. Esa fémina puso de moda el vocear malas palabras en coro, hacer gestos obscenos dentro de la llamada Casa de Don Virgilio, en clara falta al pudor. ¡Una mujer!

En medio de ese desastre ambiental, una clase social media-alta que era seguidora del Naco –y los había ricos también- se alejó del Palacio de los Deportes. Su equipo ya no estaba en el torneo y aunque amaban el basket, amaban más su integridad física y la de sus vehículos, inclusive. Se originaban trifulcas en los estacionamientos. Con ellos también se alejaron potenciales anunciantes de la actividad. Y hasta algunos anunciantes y compradores de espacios en la cantina también.

La prensa, algunos hasta por resentimientos de diferentes índoles y teniendo excusas para ello, se cebó en el TBS, con duras críticas, en contra de la organización del espectáculo, al cual luego llegó el Club Villa Francisca, otro de un barrio populoso. En medio de todo eso, salieron clubes como Los Astros, primero, y Arroyo Hondo después.

La verdad tiene que ser dicha, mucha gente decente, de buena educación de hogar, comenzó a alejarse del baloncesto y del Palacio de los Deportes. Incluyendo mucha gente de los barrios con franquicia, que llegaron en un momento a ser todos los equipos, excepto Los Prados.

Los pleitos, hasta a tiros en Plaza Criolla, en la Ceniza, causaron zozobra en el Ensanche El Vergel. El tigueraje de los barrios se apropió del escenario, del baloncesto, de mala manera.

¿Culpable? La mala educación de los dominicanos, quienes como eran más los de Los Mina, se le cargó, desde mi óptica, la mayor responsabilidad.

He vivido en carne propia, como directivo de un club, la vergüenza que se siente, cuando los fanáticos de su equipo superior (en mi caso de voleibol y con Bameso, sumándole un caso de un presuperior de basket) se ven envueltos en un desorden o protagonizan el mismo.

A nosotros, los bamesianos, como también éramos más que los otros, se nos cargaba la responsabilidad mayor cuando ocurría un desorden en el torneo de voleibol superior. Aunque nunca lo hubo cuando Bameso perdía. Siempre cuando ganábamos.

Volviendo con nuestro tema del basket, así esa masa enorme de seguidores arrastrada por el equipo de Los Mina, lo cual fue algo tan bueno para el basket, terminó siendo algo malo. Tan malo, que ni siquiera el regreso del 2013 al TBS de Los Mina y Calero (al que los lomineros apoyaron masivamente en la Final de 1997 frente a San Carlos), en una instalación más pequeña, como el Pabellón de Voleibol, produjo las grandes asistencias del pasado.

La gente temía a que volvieran los desórdenes, los cuales se habían casi extinguido entre 2009 y 2012, con los dos clubes de la Zona Oriental y el de Villa Juana fuera del torneo. Solo un desorden hubo en esos años, y fue después de un juego de la Final de 2009 entre San Lázaro y el Rafael Barias, del cual fui testigo de excepción, provocado por una mujer, quien le arrojo al jugador Carlos Paniagua (entonces de San Lázaro), en la cabeza y en la cara de éste, el contenido de un liquido (presumo era refresco con hielo). Yo lo vi todo desde un asiento en las graderías.

En el 2013, después del último juego de la Final que le ganó El Barias a Los Mina, en las afueras del Pabellón de Voleibol hubo una multitudinaria riña, de grandes dimensiones entre seguidores de esos equipos. ¡Había vuelto Los Mina al basket! Y esa vez había un público tan numeroso y agresivo como el suyo, para enfrentar a sus fanáticos desbordados: el público de Villa Consuelo, el que hoy es el barrio más grande del Distrito Nacional.

Esa es la historia. Dolorosa para algunos. Pero es la historia. Ahora bien, la participación del Club Los Mina tuvo un positivo impacto social en su barriada. Lo mismo que la de Calero en Villa Duarte. Pero ese es motivo de otro artículo, que quizás sirva de abono, para mi posición de siempre: hay que regresar la Zona Oriental al baloncesto en el Palacio de los Deportes. ¿Cómo? ¿Volviendo a darle una licencia a los clubes Los Mina y Calero para que jueguen en el TBS? No. Así no. Pero hay una forma, sobre la que he escrito y entregué un proyecto en 2009: con un torneo metropolitano organizado por la Federación Dominicana de Baloncesto (FEDOMBAL). ¿Eso es soñar? Bueno, 11 años después de yo haber entregado ese proyecto al entonces presidente de FEDOMBAL, ingeniero Frank Herasme, y a su director del proyecto de seleccionales nacionales, Héctor Báez (EPD); acompañado por mi amigo bamesiano Eddy González, parece que sí.

(Tomado de la cuenta de Facebook de Osvaldo Rodríguez Suncar).


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