Mi Verdad… El dilema eterno de la guerra y la paz…

Mi Verdad… El dilema eterno de la guerra y la paz…

 

 

aaaaaaasaasaenenenenenPOR ERNESTO JIMÉNEZ

 

“Una mala paz es preferible a la mejor de las guerras”. Cicerón

 

Es imposible escribir o siquiera concebir los siglos de historia de los distintos conglomerados humanos que pueblan la Tierra, sin tomar en cuenta dos condiciones fundamentales que definen las relaciones entre sociedades, pueblos y naciones: La guerra y la paz.

Desde los antiguos griegos y romanos se ha estudiado y debatido sobre la guerra, y estando esta en las antípodas de la paz, como es de esperarse, las posturas a favor y en contra han sido siempre radicales, apasionantes e incluso violentas.

Un ejemplo de esto son los planteamientos del político y jurista romano Marco Tulio Cicerón, quien manifestó que era preferible una paz deplorable a la mejor de las guerras, dejando entrever una clara visión pacifista en una sociedad eminentemente militarista. Años después, el político e historiador romano Cornelio Tácito, establece que “una mala paz es todavía peor que la guerra”. Resulta que Tácito, al igual que Cicerón, fue testigo de la crueldad de la guerra y de las duras condiciones de paz que Roma imponía a las naciones derrotadas. Sin embargo, su opinión era totalmente opuesta a la de su brillante colega.

Los siglos pasan y los dilemas del hombre parecen ser constantes, por lo que no es de extrañar que el pasado domingo 2 de octubre hayamos presenciado un nuevo episodio de esta disyuntiva eterna y universal, cuando el pueblo colombiano, mediante una consulta democrática, tuvo la oportunidad de refrendar un acuerdo de paz entre su gobierno y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). En esa consulta, donde el nivel de abstención llegó al 62%, ganó el “NO”, es decir, la oposición a los acuerdos de paz.

El resultado de este referéndum sorprendió al mundo, pues todo parecía indicar (encuestas y opiniones de expertos incluidos) que el “SI” lograría una victoria apabullante. Sobre todo, por la convicción generalizada de que el pueblo colombiano no está a favor de que continúe la guerra fratricida entre el Estado y las FARC, la cual, después de medio siglo de conflicto armado ha costado más de 220 mil vidas y millones de dólares en pérdidas materiales.

Entonces, ¿Por qué ganó el “NO”?

En términos simples, porque gran parte de la sociedad consideró inaceptables las condiciones del Acuerdo de Paz que se rubricó en la Habana. Recordemos que dentro de lo estipulado en ese tratado se encuentra garantizada la amnistía para incluso aquellos que cometieron crímenes de lesa humanidad, también, el Estado colombiano se compromete a otorgar reconocimiento político a las FARC junto a importantes cuotas de poder en el parlamento; lo que en conjunto establecería un estado de impunidad total para los miembros de este grupo guerrillero.

Otro elemento fundamental a considerar fue -el ahora evidente- grave error político que cometió el presidente Santos, al marginar a los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana de un compromiso de carácter nacional que debió ser más amplio e incluyente.

Estos son los principales factores que explican el cerrado triunfo del “NO”. Y justamente por esto pensamos que Colombia no votó contra la paz per se, sino contra una paz oprobiosa, cargada de compromisos onerosos e impunidad. Esto nos indica que el pueblo colombiano ha preferido que se reformule este acuerdo en pos de buscar términos más justos; de lo contrario, la alternativa sería: Una buena guerra en vez de una mala paz.

 

(El autor es economista y comunicador).

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