Mi Verdad… Trump, ¡entrampado en su laberinto!

Mi Verdad… Trump, ¡entrampado en su laberinto!

 

aaaaaaasaasaenenenenenPor Ernesto Jiménez

 

“Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre”. Sófocles

 

Donald Trump, candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el partido republicano, es sin lugar a dudas un fenómeno de popularidad que cuenta con un aura magnética y una atípica forma de proceder que tiene desconcertados a prestigiosos analistas de la política contemporánea.

 

Este empresario, cuyo patrimonio está valorado en 4,500 millones de dólares, inició su carrera hacia la presidencia el 16 de junio del 2015, con el anuncio oficial de sus aspiraciones en la Torre Trump de la ciudad de Nueva York. Desde ese día hasta hoy, Donald Trump se ha destacado por oponerse radicalmente a la inmigración, al libre comercio y al intervencionismo militar de su país en tierras extranjeras. Su discurso llano y la vez chabacano ha conectado con sectores tradicionales y hegemónicos de la política estadounidense que en las últimas décadas se han visto paulatinamente desplazados por un proceso natural de cambio poblacional en una sociedad que se ha caracterizado por ser vanguardista y abierta.

 

Esas coincidencias con la parte más conservadora y radical del electorado le granjearon niveles de popularidad insospechados, que le permitieron aplastar a todos sus contrincantes a lo interno del partido republicano. Y es justamente en su éxito a lo interno donde podríamos identificar sus principales falencias a lo externo, debido principalmente, a que su táctica de emitir fervorosos discursos -fuera de lo políticamente correcto- a favor de ultra conservadores tradicionales le ha enajenado las simpatías de sectores minoritarios y liberales que no aceptan las posturas atropellantes y denigrantes que Trump ha manifestado en temas sensibles para la sociedad, como por ejemplo, su posición respecto al rol de la mujer en el siglo XXI, la propuesta de construir un muro entre EE. UU. y México que según él pagaría el gobierno mexicano, y su amenaza de deportar a todos los inmigrantes ilegales que viven en EE. UU.

 

Esta especie de “alienación” a la que hacemos referencia se manifiesta activamente en la comunidad afroamericana, donde Trump cuenta con el apoyo de apenas un 2% de estos votantes, según datos del centro Pew Research. Y no podría esperarse más, recordemos que Trump llegó al colmo de poner en duda que el presidente Barack Obama fuera estadounidense, lo cual no fue visto con buenos ojos por esta comunidad.

 

Entre los hispanos, el magnate mantiene un nivel de popularidad que no supera el 25 % según Pew Research, pero cabe destacar, que a pesar de sus amenazas de deportaciones masivas, su popularidad dentro de la comunidad latina va en aumento, debido en parte a incertidumbres generadas en el tema de la reforma migratoria por la candidata demócrata, Hillary Clinton.

 

Pareciera que Donald Trump ha subestimado una enseñanza crucial del francés Alexis de Tocqueville, quien hace más de 170 años planteó que en democracia, las diferentes relaciones de poder entre los hombres se hacen complicadas y numerosas en una dinámica donde las minorías, con el tiempo, van formando las nuevas mayorías. Y estas minorías que Trump ha insultado y ofendido quizás eran irrelevantes a nivel electoral en el pasado, pero en el 2016 representan un tercio del electorado.

 

El señor Trump, junto a sus aspiraciones de llegar a la Casa Blanca, está entrampado en su propio laberinto, de donde ni siquiera las prodigiosas alas de Ícaro serían capaces de salvarle. Ya que, sencillamente, necesita el voto femenino, el afroamericano y el voto latino…Sin embargo, ¡se ha enemistado con todos!

 

(El autor es economista y comunicador).

Categories: Opinión

About Author