¡Ojalá no se hayan equivocado!

¡Ojalá no se hayan equivocado!

 

aaaaaaasaasaenenenenenPOR ERNESTO JIMÉNEZ 

 

“La democracia tiene sus defectos porque la gente tiene sus defectos”. Tomás Masaryk

 

La revolución estadounidense de 1776 es un acontecimiento extraordinario que le otorgó a la humanidad una nueva forma de organización social y política: la democracia liberal. Este sistema organiza el Estado de forma tal que las decisiones colectivas son la base de la legitimidad política y el soporte fundamental del sano funcionamiento de las instituciones. Esa importante característica de soberanía popular se expresa contundentemente desde el inicio mismo de la Constitución, con las palabras: “Nosotros, el pueblo…”. Lo que indica claramente una fe indeclinable en la capacidad del pueblo de decidir su propio destino.

Con el paso de los siglos, la visión de los padres fundadores de los Estados Unidos ha demostrado su eficacia para mantener instituciones sólidas que incentiven el crecimiento económico y el desarrollo social de la nación. Y a pesar de sus defectos y falencias, la evidencia empírica muestra que la democracia es el sistema de gobierno más justo y equitativo de toda la historia de la humanidad.Basta recordar lo planteado por Sir Winston Churchill: “La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes”.

Ahora bien, no podemos olvidar que los pueblos están conformados por seres humanos, los cuales de manera individual tienen temores, esperanzas, vicios y virtudes; y debido a la facultad que la democracia otorga a los pueblos de materializar la voluntad general, muchas veces estas pasiones individuales se manifiestan como avalanchas colectivas que pueden producir fenómenos sociales de magnitudes inconmensurables.

Y esto es justamente lo que acaba de suceder en las pasadas elecciones del 8 de noviembre en los Estados Unidos de América. El candidato del partido republicano, Donald Trump, se convirtió en el 45vo presidente electo de esta nación, gracias a su retórica demagógica y eminentemente populista que logró conectar con los sentimientos de una enorme porción del electorado que se siente defraudado y desilusionado con la clase política de su país. Esta frustración de amplios sectores con el “establishment” (élites dominantes) se debe, entre otros factores, al pobre desempeño de la economía, al desplazamiento de la industria manufacturera, a la desigualdad social creciente y al empobrecimiento de la clase media estadounidense.

La historia no se cansa de demostrar la facilidad con que germinan experimentos nacionalistas, autoritarios y populistas cuando las sociedades se encuentran sumidas en crisis económicas o políticas. Por esta razón, solo nos queda confiar en la fortaleza de las instituciones democráticas para moldear el carácter de un hombre que en diversos pronunciamientos durante la campaña mostró alarmantes tendencias machistas, etnocéntricas, misóginas y racistas.

Compartimos esa fe inquebrantable de los fundadores de los Estados Unidos en la capacidad y el derecho sagrado que tiene la gente a construir su propio camino en la eterna búsqueda de la felicidad, sin embargo, un sabio y antiguo dicho expresa que “el amor no quita conocimiento“; y como estudiosos de la historia estamos conscientes de que al igual que los hombres, los pueblos también se equivocan.

¡Sin embargo, sinceramente esperamos que en esta ocasión, el pueblo estadounidense no se haya equivocado!

(El autor es economista y comunicador).

 

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