Pasearse La Habana en bicicleta de casi cuatro metros de altura

Pasearse La Habana en bicicleta de casi cuatro metros de altura

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LA HABANA, 12 nov (Xinhua) — El cubano Félix Guirola no le teme a las alturas, por eso anda por las calles de La Habana sobre una singular bicicleta de casi cuatro metros de altura.

Guirola ha remodelado varias bicicletas desde aquel 14 de agosto de 1981, cuando con una de casi dos metros se convirtió en la principal atracción de los carnavales de la central ciudad cubana de Ciego de Ávila, donde nació hace 52 años.

El día antes había visto por primera vez en su vida un tándem que trató infructuosamente de comprar, y ante la frustración decidió construir su propio modelo, pero muy diferente, porque en vez de crecer en longitud, aumentó poco a poco en altura.

«La tengo aquí en mi casa, todavía la conservo», dice a Xinhua el singular ciclista.

Guirola asegura que en aquellos años tuvo el récord mundial de la bicicleta más alta desde 1987 hasta 2004, pero nadie se enteró, pues solo conocían de sus hazañas los vecinos de Ciego de Ávila.

Desde hace siete años, en noviembre de 2010, Guirola se mudó a La Habana, donde vive en los bajos de un viejo edificio «art decó», en el cual tiene un pequeño taller donde trabaja con hierros y partes de bicicletas, fundamentalmente de fabricación china, de las marcas Flying Pigeon y Forever.

Con el proverbial ingenio cubano, utiliza desde cabillas de acero, para ganar en altura, hasta pedazos de tubos de PVC que emplea en hacer a mano los pedales.

Fue en ese taller donde el deseo de conocer al plusmarquista mundial de salto alto, Javier Sotomayor, le llevó a ensamblar una bicicleta con la altura sobrepasada por el saltador cubano, quien incluso llegó a subirse al extraño artefacto.

En la capital de la isla, superar el récord Guinness se convirtió en una verdadera obsesión, y con un ciclo de 7,3 metros llegó a superar al estadounidense Richie Trimble, que tenía una marca de 6,15 metros.

Conocedor de la existencia del cubano, Trimble viajó a la isla en abril último, y ambos comenzaron una hermosa amistad que llegó hasta el punto de intercambiar los respectivos modelos de sus bicicletas para hacerse tatuajes conjuntos.

«En estos momentos, él está preparando un tándem de seis metros de altura, de dos plazas, para montarlo entre los dos y poner un récord a dos manos, porque le dije que se quedara con el récord, que ya el récord no me interesaba», afirma Guirola.

El cubano, que en la actualidad es miembro del club Stoopidtall, que dirige Trimble, espera que el actual retroceso en las relaciones entre La Habana y Washington no le impida hacer un eventual viaje a Estados Unidos para intentar la nueva plusmarca mundial.

En un desafío a las leyes de la física, Guirola dice que el único límite que tiene son los materiales, y asegura que «no tendría limitaciones de altura si tuviera la posibilidad de tener los materiales necesarios, que no fueran tan pesados».

Aunque ejerció como profesor de Educación Física y es un apasionado del deporte, nunca practicó el ciclismo, salvo en las largas excursiones con un grupo de amigos hasta las playas, incluso a la lejana Varadero, distante casi 350 kilómetros de Ciego de Ávila.

Su esposa desde hace casi 10 años, Francisca Acosta, ya está acostumbrada a la obsesión ciclística de su marido, quien la llevaba al trabajo en una de sus singulares «megabicicletas».

«Ya no tengo miedo, porque yo llegué a montar con él bastante tiempo y perdí el miedo», dice Acosta con una sonrisa.

Guirola sube y baja de sus bicicletas con una asombrosa agilidad, una herencia de sus años de deportista, cuando llegó a ser cuatro veces subcampeón nacional de boxeo en las divisiones de 48 y 51 kilogramos.

Sin embargo, el verdadero espectáculo es verlo avanzar por las calles de La Habana, donde desde la altura despierta la admiración de los transeúntes, en especial de los niños que aplauden, saludan y le gritan.

«Es una cosa única. Se merece un gran premio porque es un hombre que sabe, que tiene equilibrio y es valiente», dice con desenfado Raydel Sánchez, un escolar de 10 años.

El reto a la gravedad y a los embates del viento causan admiración en otros, como William González, quien destaca que «ese tipo con esa bicicleta allí arriba se merece un premio».

Algunos van más allá del aspecto lúdico del asunto, como Alejandro Moya, quien aprecia una veta artística en las «megabicicletas», que «parecen una obra de arte andante».

Guirola, que escribe versos octosílabos, no tiene hijos y está convencido de que ya no los tendrá, por eso se acerca a los niños que están aprendiendo a montar en bicicleta para enseñarles, contarles los secretos de las dos ruedas y transmitirles sus propias experiencias.

Él sabe que, como ellos, también comenzó montado en una pequeña bicicleta.

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