Saquemos de nuestras vidas  a los hijos de Procusto

Saquemos de nuestras vidas  a los hijos de Procusto

 

Por Emilia Santos Frias

santosemili@gmail.com

 

A lo largo de nuestras vidas, personas consagradas a las cosas que aman, nos han inspirado para que sigamos sus ejemplos. Almas de tan alta estatura que merecen  recibir por siempre de nosotros, esa frase balsámica: gracias. En mi caso mi madre y hermanas. Otras mujeres como la maestra y poetisa Salomé Ureña, las musas y en la Biblia, aquellas damas maravillosas: Sara, Ruth, Ana, Esther, María, cada una con un legado extraordinario, único.

Sin embargo, como es bien sabido, no todos propician o gustan de nuestro bienestar. Que nos superemos, puede crear psoriasis a algunas personas, que manejan desamparo, complejos o están marcadas, pero por dentro, no es visible; con una identificación permanente, parecida a la del ganado vacuno en los tiempos egipcios y romanos. Esas personas están muy tatuadas de malicia, y su microchip no es de colores semipermanentes. Su fin es fomentar la desesperanza, llevar tristeza, y para ello saben preparar bien sus cañones.  Es aquí donde entra el nefasto Procusto, y aparece el ingenioso Teseo.

Estando postrada o en vacaciones forzosas, debido a licencia médica, fruto del impacto que recibí de un ciclista, mientras me ejercitaba al aire libre en  nuestro hermoso Parque Mirador  Sur; que me produjo síndrome piramidal, coincidencialmente, en los últimos días, con dos amigo que llamaron para saber de mi salud, analicé las bondades o no de las relaciones interpersonales, las que no siempre se basan en emociones y gustos compartidos. En ocasiones son similar al caso Procusto-Teseo. Uno de los amigos, es un joven que comienza a descollar en el mundo del Derecho y el otro, un antiguo compañero de aulas, hoy colega doble; profesor universitario. Dos escenarios distintos, misma visión. Hemos hablado con desazón, acerca de las acciones y abrazos procustos de algunos conocidos, tanto del ámbito laboral como familiar.  Qué protervia!.

Personajes de la mitología griega Procusto y Teseo, han entrado a nuestra conversación buscando nosotros quizás una mixtura para lidiar con este  huésped. Su historia nos habla de salvajismo, ese que aún hoy, poseen sus fieles alumnos.

Procusto, fue dueño de la posada del horror, porque allí torturaba a viajeros solitarios hasta tomar sus halos de vida, es la máxima representación del  gran avasallador, controlador, causante de muchos daños. Según él, nadie era nunca del tamaño de su cama, por lo que, no merecía vivir. ¿Te parece conocido? ¿Cuántos Procustos hay a tú lado?. Hasta que apareció Teseo, un titán, que  invirtió el juego de Procusto, y le retó a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama de la posada. Cuando el posadero se hubo tumbado, Teseo hizo lo mismo que este personaje hacia a los viajeros. ¿Quién es el superhéroe de tu vida, de tu historia?

Los expertos en la conducta humana, dicen que una persona tiene síndrome de Procusto, al manifestar o al verse superada por el talento de otra, por lo que, decide menospreciarla. Incluso deshacerse de ella. El miedo le lleva a vivir en una continua mediocridad, donde no avanza, ni deja que otros lo hagan. Qué desolación!

¿Por qué despreciar a quien  sobresale? 

El deber de la solidaridad, trabajo en equipo, sentimientos afectivos,  saber que somos importantes para otros y que podemos accionar en colectividad, llenan tanto!  Nos conforta saber que quienes padecen este síndrome además de ser seres enfermos, sabiéndolo o no, poseen casi todos los pecados capitales: avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. Los que les consumirán en su propia salsa.

Qué enfática fue la reconocida activista de derechos humanos y feminista, Eleanor Roosevelt, cuando sostuvo, que:” para manejar se necesita usar la cabeza, pero para manejar a otros, se necesita usar el  corazón”. Una persona amante de Procusto no entenderá esta parte; las 24 horas de sus días las usará para maquinar cómo ajar, sin reconocer que para quien se supera no hubo camino o vía rápida; voló porque aprovechó el poder de su pasión, como diría la filántropa Oprah Winfrey.

Los procustos son huésped, personas carentes de agradecimiento, trascurren en la vida si conocer la felicidad, por tanto,  no son felices…cómo podrían serlo! Es necesario para ello, cambiar ese enfoque negativo, ser más compasivo y comprensivo; noble, agradecer y mostrar actitud positiva ante la vida. Abstenerse de hipocresía y mentiras, pero ese es Teseo.

Los Procustos son prisioneros de su propia forma de vida, y como dijo el papa de la familia, Juan Pablo II: «la peor prisión es un corazón cerrado”.

 

 

(La autora reside en Santo Domingo, Rep. Dom. Es educadora, periodista, abogada y locutora).

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