Un peledeísta de última generación coincide con un peledeísta de siempre en preocupación por su partido

Un peledeísta de última generación coincide con un peledeísta de siempre en preocupación por su partido

Por José Francisco Arias

Partido de la Liberación Dominicana (PLD); si no desde la fundación misma de esa organización, podría decirse que casi desde su fundación. O sea, que Leonel, es un peledeísta de siempre; casi desde la creación del partido.

Ernesto Jiménez es un joven político (muy joven) de este tiempo, y pertenece, si no a la última, a una de las últimas generaciones de peledeístas. Es hijo de otro peledeísta de siempre, el doctor Domingo Jiménez, miembro del Comité Central de la entidad morada, y cercano colaborador del doctor Fernández.

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Ernesto Jiménez

Ernesto es economista, estudioso de los fenómenos políticos, sociales e históricos de mayor trascendencia en la humanidad. Joven admirable por sus manifiestas inquietudes y preocupaciones ante el estado de cosas prevalecientes en su sociedad y en el mundo, lo que expresa a través de la radio y televisión en programas en los que participa, así como de periódicos digitales e impresos. cristalycolores cuenta con el honor de tenerlo como colaborador y semanalmente publicamos un artículo con su firma.

El caso es que Ernesto, peledeísta de última generación, se siente sumamente preocupado con lo que ocurre en el PLD y en el futuro que pudiera depararle, a partir de la alienación que se ha generado en esa organización. Y tomando esto en cuenta es que, con abierta franqueza, con absoluta sinceridad, propuso en un artículo publicado en este portal, que el PLD debe volver a los principios y valores que le dieron origen. «¡Hay que volver a Bosch!», fue su título, remitiendo a lo que fue el partido que fundó el fenecido profesor Juan Bosch.

«…¡la historia enseña lecciones complejas y muy duras! La sentencia de Nietzsche de que “quienes luchan contra lobos acaban pareciéndose a ellos” se hizo realidad en el PLD bajo el influjo del poder que, acorde a Lord Acton, todo lo corrompe; pues el partido que una vez fue la más formidable escuela de formación y organización política se transformó en una maquinaria de poder para ganar elecciones, emulando los vicios sociales de los cuales debía ser antítesis. La lógica del poder por el poder terminó por convertir al partido en un fin en sí mismo, otorgando primacía a desmedidas ambiciones pequeñoburguesas que erigieron a su vez un entramado de intereses donde escalar económica y socialmente se volvió la razón de ser de diversos agentes políticos. Todo esto en desmedro de la mística e institucionalidad partidaria», escribió Ernesto, entonces.

Luego, agregó: «Siempre hemos manifestado que al parecer los ciclos históricos son eternos y en ese perpetuo retorno resurgen resplandecientes las ideas del maestro. Estas siguen vivas en sus libros y en la memoria de sus más aventajados discípulos; por eso no es de extrañar que desde dentro del partido de la estrella amarilla se levanten clamores que exigen el retorno a los principios, al respeto, a la formación política y al orden, con un lema sencillo y contundente que a viva voz reclama que, ¡Hay que volver a Bosch!».

La misma preocupación que tiene el joven peledeísta de este tiempo, Ernesto, sobre su partido, la tiene el peledeísta de siempre, Leonel, un zorro «rejuga’o» en política, quien por demás ha sido presidente de la República en tres períodos (dos de manera consecutiva), y, por demás, es presidente del PLD.

Leonel, ante la masificación del partido para convertirlo en una exitosa maquinaria electoral, ha manifestado que en lo adelante toca mejorar la calidad de su membresía, rescatar la disciplina que le impregnó en su momento el profesor Bosch, y, en definitiva, retornar a sus raíces.

Es lo mismo que plantea Ernesto, con franqueza y sanidad desbordadas, con fervientes deseos de que ello ocurra, con real esperanza de que algún  día el PLD vuelva a Juan Bosch.

Leonel lo dice, pero está convencido de que jamás el PLD volverá a sus raíces. Sabe que la organización se ha corrompido durante el tiempo que se ha mantenido al frente del Estado; que los principios que le dieron origen hace años desaparecieron, y que ahora lo que prima es el poder y el dinero.

Fernández, en su condición de presidente del partido, y siendo uno de sus dos líderes principales, algún discurso «redentor» tiene que esgrimir en medio de panorama tan sombrío, y por ello clama retornar a sus raíces, lo que sabe jamás ocurrirá, porque el proceso de degeneración que desarrolla el PLD desde el gobierno, sin oposición, es acelerado e irreversible.

 

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